Mortal y rosa

22 Ago
Rosa Díez, fotografiada por Marta Jara para Colpisa.

Rosa Díez, fotografiada por Marta Jara para Colpisa.

No era difícil hacer un diagnóstico urgente y un par de previsiones sobre UPyD cuando nació, como no lo es ahora hacerlo, aunque no ande uno muy atento a la política. Estaba muy claro que se trataba de una aventura, en sentido estricto, de una figura, Rosa Díez, de difuminado perfil político, que había ido girando hacia una posición que no parecía tener más sustancia que el antinacionalismo, y sus derivaciones centralizadoras (recuperación por el Estado de algunas competencias autonómicas) y jacobinas (supresión de regímenes forales en cuanto que privilegios trasnochados). El antiterrorismo va de suyo puesto no se concibe que ningún partido ni persona decente pueda defender el crimen organizado.
Con tan impreciso ideario Rosa se hizo rodear de personas conocidas pero de las que no conocíamos hasta entonces su comunión con un mismo programa: Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Toni Cantó… De los dos primeros consta su formidable valía intelectual; del segundo, además, su innegable autoridad moral. Pero los intelectuales son poco dados a someterse a la disciplina de voto y de opinión y, aunque interesantes como apoyo, difícilmente iban a desarrollar una actividad política de partido que tiene mucho de abnegada y gregaria.
Y así echó a andar UPyD. Era difícil pronosticar qué línea adoptaría en el ruedo de la política diaria. Defendía la unidad de España y a las víctimas del terrorismo…; sí, pero qué diría de la sanidad, la educación, el aborto, la alta velocidad, la política agraria común, la creación del Estado palestino, las corridas de toros… Ideológicamente, era nada con gaseosa y ni siquiera sus grandes intelectuales (ni Cantó) fueron capaces de llenar ese vacío.
De tal menera eso era así que los fenómenos de la observación política y el tertulianismo no supieron siquiera encuadrar al nuevo partido. En un principio, lo medios de derechas alentaron su nacimiento, quizá despistados por el hecho de que Dïez era una antigua dirigente del PSOE que había renegado de éste. Visto así pensaron que otros podían emprender el mismo camino y diezmar las filas socialistas. Pero no vieron que los antiguos socialistas que se unían a Rosa habían dejado de pertenecer al PSOE años antes y eran ya votantes de otros partidos. Algunos, en el bando de la derecha, tardaron en ver que, si UPyD podía representar una amenaza, lo era para el PP en igual o mayor medida que para el PSOE.
El hartazgo que comenzaba a provocar en sectores cada vez más amplios de la sociedad española un sistema dominado por partidos que solo obedecían a sus intereses, alejados de toda inquietud social, entretenidos en disputas estériles y enfangados en una corrupción intolerable, permitió a UPyD abrirse un hueco en el panorama electoral. Sus resultados no le permitían soñar con ganar unas elecciones pero quizá si un día desempeñar ese papel decisivo de ‘bisagra’ que tanto denostaba en los partidos nacionalistas. Hubo alguna comunidad autónoma en que lo consiguió.
Su actividad parlamentaria confirmó la inconsistencia ideológica del proyecto. La ideología era Rosa Díez. Y la portavocía, y la militancia y la… Pero la nave avanzaba hacia su soñado puerto de ser la alternativa a la putrefacción de los ‘grandes’. En ese papel ya había tomado la adelantera a una Izquierda Unida que olía a muerto.
Y en esto llegó el 15M y Pablo Iglesias y Podemos. Ya hay otra alternativa. Y viene pegando. ¿Hasta cuándo? No se sabe. ¿Se hará de la ‘casta’ o permanecerá fuera del sistema? Vaya usted a saber. Pero las costuras de UPyD han comenzado a rasgarse. Cosidas solo por el discurso único de su líder y las simpatías que despertara aquí o allá (el aquí o allá de la geografía y el de la política) va deshinchándose como un balón viejo y cuarteado. Mientras IU, en un patético intento, trata de hacernos creer que forma parte del mismo proyecto que Podemos (podía haberlo dicho antes), en UPyD vuelven a sonar voces favorables a unirse a C’s. Aunque la propuesta fue debatida -y derrotada- en el congreso del partido, los últimos resultados electorales y recientes encuestas animan a revisar estrategias.
Pero no es el miedo algo que haga retroceder a Rosa. Buena es. Y tiene corifeos que la respaldan y lanzan diatribas contra los rebeldes. Quizá un día, forzada por la necesidad, Rosa Díez dé su brazo a torcer. Pero puede que entonces eso sea ya irrelevante y que la hora de UPyD (incluso en compañía de otro partido) haya pasado.

Caballero Cañete

16 May

¿Midió Cañete los previsibles efectos de su exabrupto? (“Si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres un machista y estás acorralando a una mujer indefensa”) ¿O fue solo una desafortunada manera de defenderse?
Sí, sí midió las consecuencias: pensó que los comentarios se centrarían en su anacrónica grosería y podría eludir así el juicio sobre su mala actuación en el debate con Valenciano.
¿Midió bien? Evidentemente, no. Porque su desbarro ha tenido una audiencia mucho mayor que la del triste cara a cara. Es decir, con su desatino posterior dio a su fracaso una audiencia que no había tenido.
Y aún más: cualquier otra babosada, que simplemente hubiera dirigido contra sus rivales, habría podido tener el aplauso fácil de sus correligionarios. Algo que no ocurre en este caso. A las mujeres del PP (y a los hombres) les va a costar reírle la gracia. Y si se la ríen, se pondrán a su altura.
Cañete es un tipo campechano que pretende ir de caballero. Pero es uno de esos caballeros a los que resulta muy fácil confundir con su montura.

Foto tomada de la web del Partido Popular

Foto tomada de la web del Partido Popular

Da miedo pensarlo

28 Sep

A ver si alguien me lo aclara. Si un puñado de policías bien pertrechados apalea a un fulano hasta que este acaba declarándose (¡que soy compañero, coño”!) para que dejen de majarle, qué estaba pasando en realidad, que los honrados agentes la habían emprendido a hostias con un ciudadano que nada malo hacía? ¿o que el ‘compañero’ sí estaba haciendo algo malo, o sea prohibido por la legislación vigente y contrario al orden público? Da miedo pensarlo…

Esperanza y los liberales

18 Sep

La imagen es de mi compañero Igor Aizpuru, de EL CORREO.

Oigo a Vargas Llosa hablar de Esperanza Aguirre. “Todos la vamos a extrañar”, dice. “Los que la admiramos, como yo, que soy liberal; y los que la odian, que ya no tendrán a quien atacar con tanta furia como lo hacían”. Y pienso: yo no la voy a extrañar: ni la admiro ni la odio. Pero me llama la atención la insistencia en colocarla como la abanderada de los liberales. Lo cierto es que le faltan algunos de los rasgos esenciales que a mis ojos han caracterizado siempre al mejor liberalismo español: moderación en las formas, respeto al contrincante, tolerancia hacia las ideas del otro… Esperanza ha sido, al contrario, una oradora chocarrera, faltona y chabacanamente castiza. Ese casticismo, por cierto, le dio grandes réditos en Madrid, pero puede que le privara de apoyos para ese liderazgo nacional al que siempre aspiró. ¿Demasiado madrileña? Quizá, y a lo mejor era fingido.
En lo tocante a sus ideas, imagino que Vargas Llosa comparte con ella ese liberalismo que consiste en la defensa de la desregulación total; esa suerte de aspiración a la anarquía en el convencimiento -contra toda evidencia- de que los mercados se autorregulan y que el Estado sobra. Ya, pero hoy oigo a los liberales europeos pedir fórmulas para embridar a los mercados; y veo a los Estados liberales (EE UU, Alemania) gastarse lo que no tienen en la compra de bancos privados en ruina. En fin, cosas que nos toca ver. También es cierto que Vargas Llosa es un escritor sublime (desde luego, uno de mis favoritos), pero un político desastroso. Baste recordar que los peruanos, cuando tuvieron que elegir, prefirieron a Fujimori (¿otro liberal?). A mí me pasa eso y me borro del liberalismo… y de la democracia.

Adiós, Guillermo

2 Ago

Lamento escribir de estas cosas, pero hoy no puedo evitarlo. Acabo de enterarme de la muerte de Guillermo Fernández. Profesional de la comunicación, activo en varios medios durante muchos años, dejó sin embargo un recuerdo imborrable como jefe de prensa y relaciones públicas del Ayuntamiento de Bilbao; cargo al que llegó de la mano de Javier Ybarra para convertirse luego en la mano derecha de la inefable alcaldesa Pilar Careaga, y que conservó luego con varios alcaldes de la era democrática. Todos ellos se rindieron a la habilidad de Guillermo para la comunicación y para el protocolo, del que él era un maestro consumado. Los informadores, por su parte, encontaron en él un trato exquisito y una ayuda cómplice, que tanto se echa en falta ahora en muchos jefes de gabinete que, evidentemente, no han nacido para el puesto.
No es eso de lo que yo le conozco. Había entre él y mi padre una viejísima amistad que nació de su condición de colegas en la radio. Guillermo, formado en la cantera de Radio Juventud, acabó despuntando en la emisora de la Ser, Radio Bilbao; mi padre, en Radio Popular, desde su fundación… y aún sigue. ‘Willy’ era como de mi familia (de hecho, era padrino de mi hermano Asier). Le admiré como profesional de la radio y la televisión. Y en especial por su forma de retransmitir los partidos. Perteneció a una generación distinguida por su solvencia y su sobriedad, aquella de la que participaron Juan Antonio Fernández-Abajo, José Félix Pons, Joaquín Ramos, Alberto Bacigalupe y cuyo último representante fue José Ángel de la Casa. ¡Qué distintas sus narraciones -sobre todo en la radio- a la actual sucesión de gritos, pase algo o no pase nada! Él era de otra época (quizá para lo bueno y para lo malo).
Mis recuerdos no son solo profesionales, como ya he dicho. Y van desde aquellas alubiadas dominicales en Lujua hasta los partidos que presencié junto a él, por la tele y en San Mamés. En su casa de la plaza Zabalburu vi la final de 1973 Athletic-Castellón (2-0, goles de Arieta y Zubiaga), con mi padre y Manolo Renedo. En aquella noche cálida de junio, Mari Carmen, la mujer de ‘Willy’, nos obsequió con unas anchoas albardadas que cenamos en la terraza mientras veíamos pasar cientos de coches que hacían sonar bocinas y agitaban banderas rojiblancas para celebrar el triunfo.
Tuve en Guillermo no pocas veces a un afectuoso consejero y hasta a un fan, que elogiaba mis trabajos como si de verdad lo merecieran.
No te olvidaré nunca, Guillermo. Conservaré siempre el cariño y la admiración que hoy humedecen mis ojos.

Linda prima

2 Ago

Un sinvivir. Me ha estropeado las vacaciones no la lluvia -al fin y al cabo soy de Bilbao y nací con gabardina y katiuskas- sino los vaivenes de la prima de riesgo. No sé lo que es y no quiero frivolizar, pero desconfío de una magnitud que se mide en ‘puntos básicos’ y se compara con su equivalente de Alemania, que mira que es comparar. Lo de los ‘puntos básicos’… qué quieren que les diga. Probablemente es otra chorrada de la jerguilla de los economistas -y los periodistas económicos-, los mismos que llaman ‘diferencial’ a la diferencia, esto es al resultado de toda resta.
Pero es ya es conocida la afición de ciertas profesiones a utilizar sin ningún sentido adjetivos en lugar de sustantivos. Pongo por ejemplo: al personal sanitario le ha dado por llamar ‘analítica’ al análisis; a los abogados decir ‘testifical’ a la declaración de un testigo (o sea, un testimonio). En ambos casos se advina en elipsis el sustantivo ‘prueba’, pero ¡para qué recurrir a la elipsis si hay un nombre en cada caso que designa mejor el concepto. ¿Para qué? Para distinguirse, para hacer ver a los demás que ellos son los especialistas y, por tanto, no utilizan el lenguaje común.
Vano intento. En cuanto ellos dicen ‘analítica’ o ‘diferencial’, la gente corriente -encabezada por los periodistas- adopta la chorrada para no ser menos. Y así se expresa, sin complejos y sin saber muy bien lo que dice, para charlar amigablemente sobre el diferencial entre Chayo Mohedano y su difunta tía Rocío y de las analíticas a las que será sometida Sonia Monroy.
¿No será Monroy la prima de riesgo?
Las primas tienen en torno a sí un halo de cierta voluptuosidad, inocente las más de las veces porque remite a la infancia tardía o a la primera adolescencia. Es más melancólica que morbosa. Quiere la tradición, o el tópico, que la iniciación al sexo (o a algo parecido) tuviera en no pocos casos por cómplice a una prima. Nada tiene de extraño que la primera mirada concupiscente se dirija hacia alguien que es próximo y querido, de parecida edad (o mejor algo mayor), con quien se comparten juegos desde la infancia y a quien nos une un parentesco cercano pero no en el grado que convierte el deseo en depravación.
En fin.. ¿puede decirse todo eso de la prima de riesgo? Pues no. En todo caso la prima de riesgo es esa pariente golfa cuyos excesos acaban por causar hastío cuando no problemas. Nada que ver con el nebuloso mito de la adolescencia. Prima por prima, me quedo con la de Solera. Hagan la analítica, ¡verán qué diferencial!

Lo estoy pasando en grande

19 May

Spanish revolution. Ni en Nochevieja está así la Puerta del Sol

Ya era hora. La vida (me) ofrece muy pocas oportunidades para pasarlo bien y reconozco que, por primera vez en mucho tiempo, estoy disfrutando. Y todo gracias a unas manifestaciones de las que yo ni me había enterado (o sea, como los partidos) y que han acabado en un movimiento insurreccional que unos comparan con lo de Egipto, otros con lo de Islandia y otros con el Mayo francés. Los ‘indignados’ han tomado la Puerta del Sol (la Tahrir castiza) y otras muchas plazas de España para pedir no se sabe muy bien qué y para expresar su rechazo de la vida que muchos están obligados a llevar por culpa de la codicia financiero-empresarial y de la ineptitud golfante de los políticos. Son muchos los indignados y de muy distinto pelaje como para suponerles sujetos a un liderazgo único; su queja es variada y multidireccional. Hay más solidaridad que cohesión, más cabreo que coherencia en el movimiento. Pero sobran razones y se han juntado con las ganas. Las ganas de una juventud insatisfecha y sin horizontes que aprovecha la ocasión para salir a la calle, según tendencia natural; la de unos parados dejados en la estacada por directivos que se embolsan incentivos y jubilaciones millonarias; las de currelas tronzados a los que les esperan dos años más de actividad laboral; las de desencantados de la vida que asisten atónitos al espectáculo de una política gestionada por chorizos y desahogados, preocupados de pillar cacho mientras la gente las pasa canutas.

Y ¿cómo ha reaccionado el sistema? Políticos, dirigentes sindicales y empresarios empezaron por tartamudear. Pero tienen la piel (de la cara) tan dura que en seguida se han rehecho. Los partidos, en general, se han acusado unos a otros para dar la razón a los indignados. Tiene guasa: les dan la razón a los que les están llamando de todo. Pero me ha sobrecogido la reacción del empresario Claudio Boada, que no solo les ha dado la razón a quienes acusan a la patronal y a los bancos de condenar a la población a pasar hambre sino que ha venido a confesar que está en espíritu en la Puerta del Sol. Eso es estar torero y lo de José Tomas puro cuento.

Así, pues, no hay remedio. Políticos y empresarios se empeñan en demostrar que los indignados tienen razón.

Y luego están los medios de comunicación. Lo mejor. Te partes de risa con los equilibrios que algunos tratan de hacer para conciliar un cierto apoyo a los concentrados como víctimas de la política de ZP (“están pidiendo elecciones anticipadas”, decía ayer un enterado) con furibundos ataques a sus intenciones y filiación (“detrás está Rubalcaba”). Lo gordo es que ambas diatribas las oí en la misma cadena ¡y al mismo contertulio!

Hay una cosa cierta: la campaña electoral, que ya era una birria, ha saltado por los aires. Y hora a hora se ve empequeñecer hasta casi la desaparición a los partidos con su anodino montaje.

¿En qué quedará todo esto? Lo de impugnar la democracia así, como enmienda a la totalidad, estaba muy mal visto hasta ahora porque era cosa de fascistas, de quienes sentían repugnancia por el sistema, y no solo por sus gestores. Pero como la marea 15-M avance, a los ‘gestores’ se les va a acabar el chollo. Lo malo es si el ‘movimiento’ se lleva todo por delante, porque se echa en falta una alternativa que no asuste.

A ver si vamos a acabar como aquel paisano de Gila: “Me habéis matado al hijo, pero lo que me he reído…”.

Y encima le dan la razón. ¡Qué jetas! (La foto es de mi amigo José Ramón Ladra).