Adiós, Guillermo

2 Ago

Lamento escribir de estas cosas, pero hoy no puedo evitarlo. Acabo de enterarme de la muerte de Guillermo Fernández. Profesional de la comunicación, activo en varios medios durante muchos años, dejó sin embargo un recuerdo imborrable como jefe de prensa y relaciones públicas del Ayuntamiento de Bilbao; cargo al que llegó de la mano de Javier Ybarra para convertirse luego en la mano derecha de la inefable alcaldesa Pilar Careaga, y que conservó luego con varios alcaldes de la era democrática. Todos ellos se rindieron a la habilidad de Guillermo para la comunicación y para el protocolo, del que él era un maestro consumado. Los informadores, por su parte, encontaron en él un trato exquisito y una ayuda cómplice, que tanto se echa en falta ahora en muchos jefes de gabinete que, evidentemente, no han nacido para el puesto.
No es eso de lo que yo le conozco. Había entre él y mi padre una viejísima amistad que nació de su condición de colegas en la radio. Guillermo, formado en la cantera de Radio Juventud, acabó despuntando en la emisora de la Ser, Radio Bilbao; mi padre, en Radio Popular, desde su fundación… y aún sigue. ‘Willy’ era como de mi familia (de hecho, era padrino de mi hermano Asier). Le admiré como profesional de la radio y la televisión. Y en especial por su forma de retransmitir los partidos. Perteneció a una generación distinguida por su solvencia y su sobriedad, aquella de la que participaron Juan Antonio Fernández-Abajo, José Félix Pons, Joaquín Ramos, Alberto Bacigalupe y cuyo último representante fue José Ángel de la Casa. ¡Qué distintas sus narraciones -sobre todo en la radio- a la actual sucesión de gritos, pase algo o no pase nada! Él era de otra época (quizá para lo bueno y para lo malo).
Mis recuerdos no son solo profesionales, como ya he dicho. Y van desde aquellas alubiadas dominicales en Lujua hasta los partidos que presencié junto a él, por la tele y en San Mamés. En su casa de la plaza Zabalburu vi la final de 1973 Athletic-Castellón (2-0, goles de Arieta y Zubiaga), con mi padre y Manolo Renedo. En aquella noche cálida de junio, Mari Carmen, la mujer de ‘Willy’, nos obsequió con unas anchoas albardadas que cenamos en la terraza mientras veíamos pasar cientos de coches que hacían sonar bocinas y agitaban banderas rojiblancas para celebrar el triunfo.
Tuve en Guillermo no pocas veces a un afectuoso consejero y hasta a un fan, que elogiaba mis trabajos como si de verdad lo merecieran.
No te olvidaré nunca, Guillermo. Conservaré siempre el cariño y la admiración que hoy humedecen mis ojos.

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Una respuesta to “Adiós, Guillermo”

  1. Lucía 02/08/2011 a 9:34 pm #

    Lo siento mucho, Javi.

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