Oración a Ballesteros

6 May

Acabo de comprarme un nuevo juego de palos. Marca Callaway: un lujo para un jugador tan malo como yo. Y lo peor es que no soy novato; simplemente malo. Mi primer contacto con el golf tuvo el mejor escenario, Escocia. Yo tenía 14 años y coincidí allí con Juan Cruzat, que estaba iniciado en este deporte en el que yo era lego absoluto. Hace muy muy poco he sabido que Juan, al que no he vuelto a ver en estos casi cuarenta años, pertenece a una familia aristocrática. Nunca lo mencionó en aquellos días en Edimburgo. Pero es verdad que muy poca gente jugaba al golf en la época. Él me inoculó el virus, me explicó los rudimentos (“sube el brazo izquierdo recto, me dijo, para que baje por el mismo sitio”) y me llevó a un ‘putting green’ en el barrio de Joppa, donde ambos vivíamos; a él le oí pronunciar por vez primera el nombre de Jack Nicklaus .

Dos monstruos. Nicklaus y Ballesteros.

Pasaron muchos años hasta que pude dar salida a aquella afición dormida. Televisión Española comenzó a retransmitir torneos del ignoto deporte al calor de la fama que había cobrado en todo el mundo un español de Pedreña. Severiano Ballesteros cambió la historia del golf en Europa y en el mundo. La desproporcionada expansión en Estados Unidos había dejado muy atrás a Europa. Contaban los norteamericanos con figuras como Kite, Watson, Trevino, Floyd… todos capitaneados por aquel Nicklaus del que me habló Juan y que no hacía sino agrandar su leyenda. Ni la Ryder Cup -el enfrentamiento bienal entre EE UU y Europa (Gran Bretaña e Irlanda, entonces)- tenía color. Pero surgió Ballesteros. Ganó con 22 años (1979) el British Open y los británicos lo adoptaron como un jugador local; le llamaban ‘Sevy’ mientras en España era un perfecto desconocido. Su explosión coincidió con la soberbia ‘cosecha del 57’, que junto a él formaban Lyle, Langer, Faldo.. todos nacidos ese año. Era el momento de renovar el reto a los americanos y logaron que cambiara el reglamento de la Ryder para que el equipo europeo admitiese a jugadores del continente.

Seve cambió también la forma de jugar al golf. Fue algo más que un campeón, fue un crador genial. Si cada golpe se entiende como un problema que hay que resolver, él se distinguió por hallar soluciones diferentes a las que los profesores enseñaban en el campo de prácticas. Quizá porque aprendió a jugar en solitario y con un solo palo, ¡un hierro 3! Cualquiera que haya jugado alguna vez sabe que ese palo es ‘imposible’. Él aprendió a usarlo hasta en la arena del ‘bunker’. Encontró fórmulas propias para cada situación y convirtió el juego en un espectáculo. No importaba dónde hubiera quedado la bola de salida (en un parking, en el bosque…); él usaba su magia para depositarla suavemente en el ‘green’ con un golpe inexplicable.

Lo retiró un viejo y lacerante dolor de espalda antes de que un día, después de desplomarse en Barajas, le diagnosticaran un perverso tumor en el cerebro. Dicen que se había vuelto antipático. Quizá lo fue siempre, nunca lo traté. Pero me gustaría pensar que la enfermedad era la culpable de su carácter.

Acabo de leer un teletipo urgente en el que la familia informa de su “severo empeoramiento”. Siento que le debo un homenaje. Los golfistas domingueros (yo ni siquiera soy eso, entre domingo y domingo dejo pasar varios meses) hemos soñado con jugar un día como él. Y con esa ilusión volvemos un día y otro… y así se va pasando la vida; que no es un mal pasar. Gracias a él vi golf en la tele y gracias a él y a que mi cuñado Rafa compartía esa afición llegué a ser golfista dominguero de altísimo ‘handicap’. (Debo aclarar sin embargo que Rafa ha llegado a destacar en el campo aficionado).

Si rezara a la divinidad, pediría un milagro para Ballesteros. Cuando vuelva a tener mis nuevos Callaway en la mano sé que le dedicaré un momento a Seve. Como una oración pagana para pedirle un recorrido triunfal. Lo que sería un milagro.

PD: Horas después de colgar este post llegó la noticia de la muerte de Seve. Siempre se van los mejores, dicen. En realidad nos vamos todos, pero esta vez se ha ido el mejor.

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La puta parca

24 Mar



El dibujo, no hace falta decirlo, es de Juan Carlos Eguillor

La muerte es parte de la vida. La muerte de cada uno de nosotros no es sino un acto más, insignificante las más de las veces, en la vida colectiva de la especie. Pero cada muerte es trascendental para el que muere (claro, vaya pensamiento que acabo de alumbrar) y para unos cuantos que le rodeaban o conocían… o ni siquiera eso.

Se han producido tres muertes muy seguidas de esas que salen en los periódicos. Mi relación personal con los finados era nula. Pero ya hace tiempo supe que la relación sentimental que tengo con algunas personas a las que nunca he podido saludar es más estrecha que la que mantengo con otras a las que veo a diario o con las que incluso me unen ciertos lazos de sangre. No es tan raro. Nuestros mitos, aquellas figuras a las que admiramos y seguimos, forman parte de nuestro yo más íntimo. Cuando, hace ya unos años, recibí la noticia de la muerte de Tip no pude evitar unas lágrimas. No eran por él, sino porque se moría algo de mí; el cómico al que más he admirado después de mi padre. No es algo que me pase a mí solo. Una vez nos dijo mi buena amiga Isabel: el día que se muera Sinatra lo sentiré como si se me muriera alguien de la familia. No tardó mucho en irse La Voz y mis hijos, que habían asistido a aquella curiosa confesión, se condolieron con Isabel (de Sinatra ni habían oído hablar antes).

Y ahora se muere Liz Taylor. Vaya por delante que no tenía por ella una predilección especial. Yo ya la conocí como una señora gorda y pasada de vueltas. Pero me es muy fácil entender a quienes lamentan la pérdida de una reina (aquellos ojos…) y de un firmamento que va quedándose sin sus estrellas, como muy bien decía César Coca.

Más me duele el adiós de Juan Carlos Eguillor. Fue muy amigo de algunos muy buenos amigos míos. Y me basta ver el cariño que estos le profesaban para saber que se trataba de un ser especial. Siempre he agradecido mucho el aprecio hacia Bilbao por parte de quienes no son del Botxo, ¡cuánto más en el caso de un donostiarra! Se exilió en Bilbao sabe Dios de qué y se hizo bilbaino para siempre aunque viviera en Madrid y se perdiera por el mundo siempre que podía. ¿Se puede ser tierno y corrosivo a la vez? El lo era con su retrato pop-art de Mary Aguirre y Miss Martiartu como encarnación de ‘lo nuesto’. Solo la genial intuición de Antonio Barrena explica que tales viñetas se publicaran en aquel CORREO tan rancio. Aún recuerdo al viejo y querido director insistiendo, con Tere Doueil como intermediaria, para que Eguillor volviera ‘a casa’. Pero Eguillor era culo de mal asiento y poco dado a los compromisos estables.

Y me queda una más. Ha muerto Txutxi Aranguren. Formaba parte de la primera alineación del Athletic que me aprendí de memoria, la de la final contra el Elche (1969). Era un Athletic de otro tiempo. Mejor dicho, era otro tiempo para todo. Entonces los jugadores mantenían su puesto durante jornadas y jornadas si no había contratiempos; ni siquiera había sustituciones en el curso de un partido. Aranguren era lateral izquierdo; no es que jugara en tal posición, es que ‘era’ lateral izquierdo, no sé si me explico. De la misma manera que no ‘jugó ‘ en el Athletic sino que ‘era’ del Athletic. Fue uno de esos que ascendieron al primer equipo de chavales (él, con 17 años) y cuando lo dejaron se fueron a casa, después de doce, catorce o diecisiete temporadas. Así pasó con Iribar, Aguirre, Rojo, Sáez…; solo Uriare, con aquel curioso epílogo en el Málaga a las órdenes de Pavic, se saltó la norma. Lo que no impide que Fidel sea ‘uno de los nuestros’, como muy bien los definió Jon Aguiriano. Desde luego, eran mi Athletic. Lo seguirán siendo mientras (yo) viva.

Prometo no hablar más de la muerte. Que me pongo malo.

No creo en nada

24 Feb

Mi amigo Luis Alfonso Gámez acaba de colar -perdón, quise decir colocar- en el ‘prime time’ de la televisón autonómica vasca  ‘Escépticos’, una especie de programa de divulgación científica, pero centrado en desmontar la superchería, la falsa ciencia, la superstición… Hay mucha, no se crean. Bien está que un grupo de aguerridos racionalistas defiendan el pensamiento crítico. Pero es lamentable que eso sea hoy necesario. ¿Puede entenderse que en la época de los ordenadores triunfen embaucadores y charlatanes de toda laya, que la gente siga como a gurús a quienes exponen las más extravagantes ‘teorías’?

Hay quien piensa que tales conductas son válvulas de escape contra un supuesto exceso de ‘racionalismo ambiente’. Pero no. No nos engañemos. Los escapes de la razón son los sentimientos. La pasión, en sus muchas variantes. Pero una cosa es el amor (el sexo si lo hubiere) o la devoción por el Athletic de Bilbao y otra el creacionismo o la astrología. No, lo racional y lo irracional son las dos caras del ser humano. Lo antirracional, sin embargo, es la peor cara de lo inhumano.

¡Es urgente restaurar el prestigio de la razón!, clamaba Gonzalo Puente Ojea. Ánimo, pues, Luis Alfonso y compañía, en esa lucha desigual contra el gigante de la sinrazón. Una lucha quijotesca en la que, al revés que en el clásico, el caballero está cuerdo y el enemigo lo es de verdad. El hecho de que el programa vaya en horario estelar es ya una primera victoria. Los videntes suelen ser desterrados a la madrugada televisiva. Para mi desgracia, por cierto: lo que disfruté yo en el silencio de la noche viendo una y otra vez aquel anuncio del wok chino…

El escepticismo es la rebelión contra el dogma, la duda cartesiana como método de conocimiento, la búsqueda de la verdad. Pero ¿quiénes son estos ‘Escépticos’ de ETB? ¿No serán una secta? ¿Lo hacen por dinero? ¿Sabrán ya que Elvis está vivo? ¿Por qué lo ocultan? No creo en nadie. No me creo nada.

Nota bene: Ha muerto Chari Gómez Miranda, la ‘doña Adelaida’ de la tele. Una profesional que encarnó a mi juicio como nadie el papel de ‘maruja’ entendiendo por tal una mujer de cierta edad y escasa exigencia intelectual (digo exigencia, no capacidad) que gustaba de seguir los culebrones televisivos como historias de la vida real. Bien mirado, las telenovelas te pueden gustar o no, pero sin quieres seguirlas es mejor tomártelas en serio. Y había que ver a doña Adelaida cómo introducía los capítulos y con qué agudeza destripaba las tramas. Chari fue la esposa de Pedro Rodríguez, una de las grandes firmas del periodismo político en la Transición, y madre de Belén Rodríguez, habitual hoy en los programas ‘rosas’. Yo la recordaré con admiración: compuso bien el personaje. No todos saben hacerlo.

Siempre nos quedará París

21 Ene

Yo también me peleé por verla de nuevo.

Me preguntaba no hace mucho en un ‘tweet’ si no resulta esperanzador que la nueva ortografía castellana de la RAE no solo se haya convertido en un best seller (ya sé que es mejor decir ‘superventas’, pero me suena a disco y no a libro) navideño, sino que despertara semejante polémica en ámbitos no especializados. La gente -muy diversa gente- ha reaccionado con vehemencia a las nuevas normas académicas. No está mal que se polemice sobre ortografía; al contrario, es un consuelo.

Y es curioso que las protestas más airadas vayan contra las disposiciones aparentemente más ‘flexibilizadoras’. No se levanta el pueblo hablante (y escribiente, sobre todo) frente a una regla que imponga la tilde donde antes no era obligatoria; al revés, no le parece serio que ahora se nos recomiende no usarla donde antes sí fue obligada. No estamos, a lo que se ve, por la lenidad sino por el rigor. ¿Para eso hemos aprendido a distinguir el adjetivo del pronombre, para que ya no haya diferencia gráfica entre ‘ese’ y ‘ése’? Por favor, señores académicos, un poco más de seriedad.

¿Ha nacido un nuevo fetichismo que hace de la ortodoxia normativa un objeto deseable? Puede. Y si es así, ¿es malo? En las recientes vacaciones navideñas -que sin embargo se van alejando en el recuerdo- volví a París. En un rápido recuento mental descubrí que he estado más veces en París que en Madrid (lo digo por hacer una comparación, sin más) y, como casi siempre que voy allá visité el Louvre y en él la Gioconda. Reconozco que, como me pasa siempre, al acercarme a la sala donde se cuelga el cuadro de Leonardo fui sintiendo un cosquilleo, cierto desasosiego. Y allí estaba. Ninguna esperanza de un encuentro a solas con ella, por supuesto. Decenas de personas se apelotonaban frente a la obra tratando a empujones de llegar hasta la barandilla que impone una distancia de seguridad. Seguridad para el cuadro, se entiende; porque un día morirá alguien aplastado y vamos a tener un disgusto. Yo mismo sufrí un episodio asfixiante estrujado contra los turgentes senos de una rusa, lo cual en otro momento no me hubiera importado, pero en ese me resultó incómodo.

Como alcanzar la meta era difícil, un bosque de brazos alzaba cámaras y móviles para fotografiar -siquiera a distancia- a la santa y llevarse la estampa de recuerdo. De hecho, si se mira desde fuera uno cree estar contemplando el cuadro de Las Lanzas y no el de la Mona Lisa (como pude comprobar que la llaman los italianos sin excepción). Y digo yo: con los actuales medios de reprografía (manda cojones, qué mal suena), que copian con absoluta fidelidad cualquier documento, ¿no sería más útil a los amantes del arte llevarse una lámina de la Gioconda a casa y extasiarse en su contemplación el tiempo que fuera necesario y con total comodidad? Sí, pero ¿es eso lo que quiere el que se acerca a empellones hasta el óleo de Da Vinci? ¿O es saber que está de verdad ante la obra más famosa de la historia de la pintura, la auténtica, la fetén? Y pensándolo bien: ¿no voy yo una y otra vez  a lo mismo? Al final he acabado convencido de que ese cuadro es otro fetiche y que el enigma está en la tabla y no en aquella dama toscana.

Como le pasaba a Marcos Mundstock con el señor Wunderhertz, me despedí de Gioconda sin comprender ¡de qué se ríe!

Fabada del Roncal

17 Ene

Txakoli de Bizkaia en Shanghai. ¡Toma ya! La foto es de mi amigo y compañero Zigor Aldama.

Cuando yo era niño (no hace tanto, que nadie se ría) todavía se anunciaba el coñac Soberano. Pero los franceses, tan quisquillosos para sus cosas, acabaron imponiendo en los tribunales la prohibición de llamar coñac a un licor destilado y envejecido en Jerez de la Frontera. Son ganas de fastidiar, lo sé; pero influyó en ello la proliferación de las denominaciones de origen como garantía de autenticidad y calidad del producto y desde luego el éxito comercial de los sucedáneos jerezanos, que competían en Europa con el original francés gracias a que había mayor diferencia en el precio que en la calidad. Al menos, eso pensaban muchos alemanes, daneses, suecos…, que se llevaban cajas de botellas cuando venían a España o las encargaban cuando alquien de aquí iba para sus fríos países.

Pero llegó el día en que no se pudo seguir llamando coñac a lo que no era originario de coñac (la fértil región francesa de Cognac). Y no valía ponerlo con grafía española. Coñac (o Cognac) solo hay una; y está en Francia. ¿Qué hacer con los ‘soberanos’, ‘veteranos’, ‘fundadores’ y tantos otros ilustres ? Fue el gran José María Pemán, uno de los que llamaríamos ‘intelectuales orgánicos’ del régimen quien creyó haber dado con el término: ‘jeriñac’. Sobra decir que no fue utilizado nunca. Estaría ya a mayor Pemán o quién sabe qué, pero la palabra sonaba fatal, vamos, sonaba a lo peor. Acabó triunfando ‘brandy’, con cierta razón pues todos esos jerezanos seran de estirpe británica: Domecq, Osborne, Byass…

Y ahora hay chacolí de Miranda de Ebro, de Castro Urdiales. Y puede haberlo del Bierzo, o de Albarracín. Han reaccionado los txakolineros vascos, claro está, como un día los coñaqueros (También suena mal, la verdad) galos. Los productores vascos tuvieron la prudencia en su día de registrar a su nombre y en exclusiva los términos ‘txakoli’ y ‘chacolí’ (por si acaso) y los reservaron para las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Pero ¿es eso suficiente? Quizá los tribunales estimen que sí y que no puede haber otros fuera de esos límites. Tendría sentido. Pero dudo.

¿Txakoli (o chacolí, tanto da) es denominación de origen, o puede ser entendido como un tipo de bebida? Puede considerarse arbitrario el limitarlo a tres provincias cuando son tan diferentes entre sí en clima y composición de sus campos. Seguramente el chacolí de Miranda es más parecido al de Orduña que éste al de Getaria. Coñac no hay más que una, pero Rioja hay más: porque la tierra no entiende de divisiones administrativas y Haro es Rioja y lo es Oyón (Álava) y lo es Viana (Navarra). Por no hablar de la de Menem, pero esa es otra historia…

El caso es si puede haber un Chacolí de Miranda, incluso como denominación de origen. Está claro que no puede haber pimientos de Gernika que no sean de Gernika; ni alubias de Tolosa que nos sean de Tolosa. Pero ¿no puede haber fabada que no sea asturiana? ¿o paella que no sea valenciana?

Veamos: ¿No se hace whisky en Japón? Whisky es un tipo de bebida, pero, al revés que coñac o rioja, no es denominación de origen. Por eso se puede hacer en Segovia (DYC) sin que sea necesario siquiera utilizar el término güisqui, que la RAE se empeñó en promover con el mismo éxito que jeriñac. Es más, intuyo la mano del mismo Pemán detrás de este otro engendro.

Otra cosa es: ¿quién pediría un txakoli que no sea vasco? Los mismos que una fabada del Roncal o una manzanilla de Guijuelo o un albariño de la Vera. Allá ellos. Pero no se olvide lo dicho sobre el éxito internacional del ‘coñac’ jerezano.

Me suena raro como vasco oír que se hace chacolí por ahí y que hay peleas por la propiedad de un producto que cuando yo era niño (sí, qué pasa) tenía tan poco prestigio. El avance en las técnicas de produción y la selección de la uva han hecho el milagro.

Cuentan que a Manolete (que vivió mucho antes de que yo fuera niño) le llevaron un día a comer Sondika y le dieron chuleta y txakoli.

-Maestro -le preguntaron luego-. ¿Qué le ha parecido la carne?

-Superió -respondió el Califa con la parquedad que le caracterizaba.

-¿Y el txakoli?

-Mu güeno p´a la ensalá.

Latín… o violín de lata

16 Dic

El latín siempre viste un texto o un parlamento, aunque algunos titubeen y propugnen una mens sana in corpore insepulto; o se resignen a la llegada de pateras con la disyuntiva o témporas, o moros; o se despiden del amigo bebedor con un resquiescat im plora. Lo suyo es un latinajo ad hoc, aunque sea en versión libre. Por eso el más perspicaz (por cierto, estoy tan acostumbrado a oír ‘prespicaz’ que a mí me suena mejor así) comentario a la catarata de grandes revelaciones de Wikileaks me pareció el de un periodista que pronunció el viejo principio ciceroniano: ¿Qui prodest?, ¿quién se aprovecha?, ¿a quién beneficia?

Y ¿a quién beneficia la filtración de la diplomacia secreta norteamericana? Podemos especular partiendo, sensu contrario, de la pregunta ¿a quién perjudica? Y la respuesta es: a cualquiera menos a la actual Administración estadounidense y al régimen de Washington en general. Mucho de lo revelado era supuesto; y mucho de lo no sabido era muy de suponer. Que Estados Unidos presionara a sus aliados para que le diesen carta blanca a sus atropellos está en la naturaleza de las cosas; que no se le haya pasado por la cabeza entregar a los supuestos asesinos de Couso era lo previsible… pecata minuta. Lo que quizá no fuera tan previsible -o quizá sí- era la docilidad con que los aliados, incluso los de apariencia más díscola, prestaban sus servicios como fieles compañones.

Es dudoso que nadie se haya caído de espaldas al conocer esa cruda realidad, que era vox populi, pero eso no impide sufrir una cierta sensación de desagrado al verla publicada. Como producen incomodidad las observaciones y opiniones que algunos embajadores de EE UU vuelcan en sus cables a la central. Todo hay que decirlo: cuando no rezuman arrogancia son de una puerilidad que espanta. ¡Vaya tropa!

¿A quién perjudican entonces los cables? A todos esos países ahora heridos en su soberanía; a esos gobiernos aliados que presumían de haber puesto en su sitio al gigante; a esos políticos insignificantes que ahora comprueban de visu lo insignificantes que son. Y esa debilidad de los otros ¿a quién beneficia? Pues a Estados Unidos, a quién va a ser.

Sigamos con esta conjetura conspiranoica. Por recurso ad absurdum: ¿Qué papel tiene en la trama Julian Assange? ¿Es el tonto útil o el avispado agente de Washington? Ken Loach se corta las venas si llega a saber que ha estado pasando frío -a su edad- a la puerta de un juzgado para exigir la libertad de un espía de Washington.

¿Y las dos suecas? ¿Son creíbles sus acusaciones? Bien pudieron ser reclutadas para acabar con el hacker australiano, ya fuera éste un enemigo peligroso o un incómodo testigo. Al Capone acabó cayendo por culpa de los impuestos y Assange puede caer por un turbio asunto de sexo sin condón. Normal. Ellas podían ser unas frescas o unas agentes encubiertas, pero sin conocerle bien no estaban dispuestas motu proprio a aceptar determinadas ‘filtraciones’. Y menos ahí, en el mismísimo corpus delicti.

Él, de facto, no está acusado por EE UU, sino vigilado en Londres y reclamado en Estocolmo pero ya sabemos cómo son los gobiernos europeos para echar una mano al amigo. Podíamos seguir suponiendo in aeternum, pero es mejor esperar acontecimientos. Alea jacta est, que quiere decir: buenos días nos dé Dios.

Post data:

–¿Y qué me dice de la reaparición de Bianca Jagger?

–Nada, no digo nada.

–La tele se refirió a ella como la ‘modelo’ Bianca Jagger.

–Un lapsus linguae.

–¡Grosero!

Una preposición indecente

30 Nov

Hace tiempo que me inquieta el uso extravagante de algunas preposiciones por parte, principalmente, de políticos y periodistas. Cierto que son dos ‘colectivos’ muy dados al amaneramiento del lenguaje, pero no alcanzo a entender estos dislates. ¿Por qué las preposiciones? ¿Qué les habrán hecho?

Ya es historia vieja, de cuando la Transición, el abuso de ‘desde’. “Les hablo desde la sinceridad”, decía uno. ¿Cómo vas a creer en la sinceridad de un tipo tan redicho? Lo normal en alguien que de verdad te dice lo que siente o piensa sería decir ‘con sinceridad’? No es difícil recordar mil y un ejemplos de esta tontería: ‘desde el cariño’ (¿podemos imaginar a alguien diciendo esto al ser amado?), ‘desde la firmeza’, ‘desde la discrepancia’… En fin. No es incorrecto, pero es muy cursi.

La pobre ‘desde’ es objeto de un uso más moderno e igualmente disparatado. Y este sí que es genuinamente periodístico. “Desde el Ayuntamiento informan de que….” Informan ¿quién? Hemos sustituido al sujeto de la oración ‘El Ayuntamiento informa…’ por una difusa referencia al lugar de procedencia del mensaje. Desde el punto de vista periodístico hemos hecho un pan como unas hostias.

¿Y lo de ‘tras’? Bueno, eso ya es de premio. Suprimimos la causa y la sustituimos por una secuencia temporal. “Muere tras ser apuñalado” ¿No será que murió apuñalado, es decir, a causa de tan fea acción? “Muere tras caer de un séptimo piso”. Primero se cae de un séptimo piso, luego se muere… ¡Qué día llevaba el pobre!

En el deporte ya se sabe que se puede ganar -o perder- ‘por’ cuatro, si uno juega a rugby, un suponer; pero ‘de cuatro’ si es a baloncesto. ¿Por qué? Es así y se acabó. Y no me comprometa, oiga.

Pero en todo caso, ahora se gana o se pierde ‘ante el Madrid’, ‘ante Federer’ o ‘ante la Ponferradina’. Entonces ¿contra quién se juega? Porque antes un jugaba ‘ante la afición’, que animaba mucho, pero no intervenía; pero ‘contra el Madrid’ o ‘contra la Ponferradina’. Tenía la ventaja de que, de ganar, uno ganaba ‘al Madrid’ o ‘a la Ponferradina’ Ahora gana ‘ante’ el que sea. Que debe de estar de espectador. ¡Vaya chollo!

Para saber uno su estatura o peso le bastará medirse ‘con’ un metro, o ‘con’ una báscula. Y si se trata de saber cuánto vale en aspectos de la vida más difícilmente mensurables (habilidades, destreza, valor…) puede medirse ‘con’ otros y hallar la medida por comparación. En el deporte no. En la información deportiva menudea una aberración de la que ya va a ser difícil librarse. Un jugador o un equipo no se miden ‘con’ su contendiente; se miden ‘a’ él. No utilizan al contrario como instrumento de medir, sino como objeto directo de su medición.

Recuerdo un chiste:

-¿Me puede decir por dónde se va a Madrid?

-¿A Madrid o para Madrid?

-Es lo mismo…

-No, no es lo mismo.

-¿…?

-‘A Madrid’ es si va para quedarse y ‘para Madrid’ si piensa continuar viaje.

-Mire, no sé si mandarle a la mierda o para la mierda.

Queden con Dios mis amigos. Y todos los demás.